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Último minuto

No es sencillo que las olas del mar se muevan, por lo menos no puedo hacerlo si el mar decidiera ya no moverse más, tampoco podría cabalgar al viento y hacer que mueva la copa de los árboles, que recorra el mundo en un par de días y se vuelva un remolino incontrolable. el color de las flores es una vez más algo que sorprende, no es un vórtice que se abre entre dimensiones, es algo que parece más sencillos, pero tampoco lo logró controlar. Es poco lo que se puede controlar, como aquella vez que de niño me gustaba un perro y era mi mejor amigo hasta que lo atropelló aquel carro de helados. nunca entendí como un vehículo tan grande que se movía a una velocidad lenta pudo hacer que ese perro juguetón muriera, desde ese momento ya no volví a comer helados.

El tomaba agua, pero me di cuenta que mientras estaba bebiendo agua su vaso nunca se terminó, ni siquiera bajaba el nivel. Quería recordar más, pero pocas cosas regresaban, quería recordar si en algún momento de la conversación sus palabras eran reales o simplemente quería entender parte de lo que decía, tal vez me estaba imaginando la conversación pero él estaba ahí moviendo la boca. Pasó otra vez es perro de color amarillo que iba tras una pelota, vi a través de la ventana y era un campo que sus plantas se movían con el viento. El perro seguía a la pelota sin importarle que pasara a su alrededor. Era interesante como la velocidad de la pelota no se perdía por la resistencia del aire. Cruce mi rostro para ver si él seguía ahí, sentí que ya no estaba en la habitación y en eso rechinaron las llantas de una moto que siguió un alarido. La sangre de perro se unió a la del motorista y juntos hicieron un espectáculo que no olvidaré en mucho tiempo.

Me dolía la boca y vi que mis tenis tenían las cuerdas flojas, seguía caminando, soportando la presión del grupo para no atrasar sus esfuerzos y hacerlos perder la ventaja. Oí a lo lejos que me llamaban, me apure a correr. Quería ganar, en serio. A mi padre no le gustaba que perdiera, tampoco quería que me viera como un inútil. o que tuviera esa expresión en la cara, junto a la mueca que hacia expresando su decepción. Se que todo era una porquería. Pero seguía siendo lo que era. Corrí y encotré la habitación con paredes verdes, donde el piso tenia una mancha de agua, como cuando en las alfombras quedan húmedas después de la lluvia o si les cae agua de mar. un poco de moho y el olor de las olas que ondean, pero esta vez sin lluvia. fue interesante, y que me imagine dicho cuadro no logre ver que las olas se movieran, no lo hacían. Y no se como era que el perro negro se desvió en esa esquina y quedo debajo del camión de carga de la mudanza. Nunca entendí como fue que destrozo su cráneo el camión que se suponía estaba parado enfrente de la casa a la que nos mudamos cuando tenia diez años. ya no quise jugar nunca con esa bicicleta que estaban bajando y fue manchada con la sangre del perro.  

Sangraba su respaldo, Sangraba su forma de ver. Se vuelve lento el tiempo y muchos gritos en la oscuridad de la noche. Mis recuerdos se vieron nublados por el deseo de obtenerlos. En la luz se veían los espacios, su intermitencia en la intensidad. Pocas veces podía recordar su cara, parecía que tenia algo en el rostro que hizo que me recordara de esa persona pero no era tan fácil.  

Envejecí desde que inicie el relato, se los digo porque vi mis manos arrugadas por la lluvia de ese mes de abril en el que no dejaba de hablar sobre lo orgulloso que estaba de ellos. No me llenaba la felicidad que inclusive me llego a dar un pequeño dolor de cabeza y cuello. Vi como mis pantalones habían cambiado, su forma ya no era como la de los mas jóvenes. No entendía en que había cambiado, pero los de ellos ya no me gustaban, inclusive me desagradaba la forma irrespetuosa como se dirigirnos a mi esposa, aunque creo que ella ya estaba muerta. Había una foto colgada en la pared de ella cuando era mas joven y recordé que ella ya tenia cinco años de muerta, fue cuando el perro cruzo la calle y ella quería detenerlo, la moto y el autobús chocaron y ella quedo junto al perro. Sin respiración, ninguno de los dos se levanto otra vez.

A pesar que ese perro no me hacia caso me gustaba mucho, lo entendí, comprendí su intranquilidad con esta vida. ¿Cómo puedo estar aferrado a esto que tengo? No quiero más cadenas. Pero ya no importa, ya no pude huir. ese perro arruino la transmisión del vehículo y no me pude ir. lleno de sangre en la parte de enfrente, tenia el tamaño de una pequeña vaca. En este ultimo minuto entendí que ahora tendré que pagar ese perro.
  

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