En un viaje a la introspección me di cuenta que era ínfimo el sonido, ni te das cuenta de que todo te persigue y se vuelve humo. Los pasos son tan rápidos que simplemente vuelas. Aunque esos detalles sobran, por eso ni los notas.
Te vi y te ame.
Un recuerdo que venia a mi en los tiempos malos y me sacaba de ese estado de putrefacción humana solida y recalcitrante. Pero era su opacidad, oculta por muchas otras de tus mentiras o supuestas mentiras, estaba confundido. no sabia que era real, no es una disculpa, pero me frustraba que el simple echo de ser cualquiera de tus cosas no me representaba.
Te vi y te hablé.
Esas conversaciones en un largo rato que duraban horas, ahora, las extraño. aunque se que no me importaba que estuvieras con alguien más, esos tiempos valían oro. ¿Qué más? me sentía algo especial. era una forma de recordar lo que siempre fue bueno.
te observaba, cuando veía tus ojos era algo especial. era recordar tu olor sin tan siquiera besas tu cuello. creer en como se siente tocar tu pelo sin realmente estar cerca para sentirlo. Esa bes que bese tu cabeza sucia, te retiraste avergonzada, pero me pareció perfecto para rematar la situación sin palabras, con un abrazo.
Vi tus labios.
En realidad recuerdo poco de nuestras conversaciones, me encantaba ver tus labios, me preguntaba como seria sentirlos sobre mi piel, una que otra erección se asomaba de vez en cuando, pero no sabía si eras falsa como las demás o selectivas, esas que ante todos dicen que ese tipo de cosas son asquerosas pero todos los demás saben que con el indicados se transforman. Tu sabias que provocabas, pero te respeto por comprenderme. No cualquiera te comprende en estos días. Solo se escandalizan y salen huyendo a un lugar seguro, lo peor que es detrás de una venda para los ojos.
Te sigo viendo pero esta vez cuando te vas.
Si veo tu cuerpo, tus pies, tus glúteos gruesos, algo descuidados, con estrías y celulitis, esas cosas que se ven sobre tu ropa pegada y que te da vergüenza. Lo se porque me lo expresaste esa primera vez que estuvimos juntos, eso que al principio querías ocultar y yo quería ver. Era una actitud inconsciente que me llevaba a comprender y verificar el nivel de confianza que había entre nosotros. La luz se prendió por un rato en ese septiembre lluvioso, pero te dije que eras hermosa de todas formas, hiciste cara de ofendida, pero te replique que de todas formas, aunque tu no te quieras, te querré. Soltaste una sonrisa cómplice y perversa. Me encanto y te tome de la mano par que te acostaras conmigo. Escuchamos el canto del espíritu de la lluvia, y sin ser cursi prendí una vela y deje que su calor se irradiara en ese cuarto. Tenía un olor que no me gustaba, era vainilla, como el olor de ella, Carmina, dejo sus cosas, las dejo en mi mente, odiaba la vainilla, no por ser vainilla, tampoco el chocolate, eran los recuerdos, pesadillas diurnas que me tomaban y sujetaban en el abismo. Las nauseas se hicieron presentes como caballeros sin invitación y el lugar dio vueltas. Ahora mi recuerdo era de esa lluvia vainilla. Todo regreso a su lugar, pero parecido a un cuadro de Picasso.
El mar revuelto y la luvia cambia.
No me quedó más que fingir que aun estaba ahí, Carmina como si nada había triunfado. Desde la tumba de sus malos recuerdos había resucitado y ahora en una guerra sin cuartel, ni suelo, ni tiempo, en esta dimensión que esta construida de recuerdos se veía triunfante y con una mascarada veneciana celebraba, una mascara con colores vivos que ocultaba su verdadera locura. Era una reina y me recordaba que era lo que me gustaba de ella. Era dominante, la chica de la terapia me había explicado que sufría de dependencia, por eso la veía como algo que no podía dejar, sino mi vida acabaría.
Sufrí, y sufrí mucho pero ahora estaba Silvia. Mi amor imposible que ahora estaba frente a mi desnuda, no se en que momento se paro y fue a la cocina por un cuchillo. Tampoco se que hacia esa sangre en su cuello y el mío. No note los gritos de auxilio que se representaban con música atónita en las imágenes de mis recuerdos. Oí a lo lejos que se quemaba la casa.
Sufrí, y sufrí mucho pero ahora estaba Silvia. Mi amor imposible que ahora estaba frente a mi desnuda, no se en que momento se paro y fue a la cocina por un cuchillo. Tampoco se que hacia esa sangre en su cuello y el mío. No note los gritos de auxilio que se representaban con música atónita en las imágenes de mis recuerdos. Oí a lo lejos que se quemaba la casa.
¿Será que este error se debe a que pronuncie su nombre? Carmina.
Era iracunda, canina desde su nombre, su cola y su pelo. Se transformaba en un ser irreal, irracional y terroríficamente lúdico. Me encantaban sus facetas de diosa y de indigente, de ser real, cárnico desde sus fibras y espíritu del viento, de coloquio y silencio sepulcral.
Cuantas tardes perdimos en conversaciones pasajeras, mentiras y personajes que serian dignos de una revista surrealista de muy bajo presupuesto. Pero me la pasaba genial, hasta que tuvimos sexo, eso lo arruino todo, no sabias que sufríamos de hipersexualidad. Esos meses después de estar bien no podías vivir sin tener sexo y no era placentero, más que esos pocos segundos en la que cae la leche y se sienten los espasmos de tu cavidad vaginal, pero luego de pasar eso sabía que te encontrarías con alguien para complacer tu sed, tratar de llenar un agujero en el mar con poca arena era lo que hacíamos. Era perder el tiempo y el sentido de que somos humanos, y que además de respeto, nos debemos autoestima. esa palabrita que no logro entender, que no me representa y no admiro.
Que soledad esta la de ser un ser sin cuerpo.
Sigo volando entre recuerdos, sigo penando en este limbo existencial que ni Dante hubiera descrito por ser tan horroroso y lleno de actitudes que es mejor no invocar por miedo a que aparezcan y hagan que tu llores. Te vuelvo a ver a la salida de este viaje sin razón. pero veo que te conviertes nuevamente en ese cuchillo que hiere, aunque no se que es lo que hiere ya no tengo cuerpo que sangra y se lastima para poder aprender cosas, solo soy un ser que no merece ser conocido.
Una calle llena de basura espera que te desnudes.
Sigues siendo la reina de este mar de palabras y faces inconclusas. Veo a Silvia pero no es como tú, es dócil, amante en verdad, orgullosa de sus pequeñeces y consciente de su ser. No esta enferma como tú y yo, no la merezco. La merecen esos seres diminutos que juegan con ella en las noches después de llegar a su trabajo, en la alfombra y ver una película hasta quedar los cuatro dormidos en una sala que tiene muebles sencillos y del mismo color haciendo juego con el resto de muebles con la sala y demás lugares, que para comprarlos hubo una pequeña discusión con él, al que veo sin cara, al que te conoce desde otra realidad y no se tan siquiera si te ve como yo en ese momento en que tus mamas revotaban y estaban rojas por uno que otro mordisco que pedías, aunque eso me confundió Silvia, no se si era la rutina que usabas con él o era algo que no te daba, era algo que querías experimentar, alguna locura que se quedaba en tu tintero desde la universidad o el colegio cuando hacías el amor con aquellos chicos poco experimentados pero con el vigor suficiente para provocarte pequeños orgasmos. No te burlabas de ellos por no querer discusiones y al final siempre terminabas consensuando citas en esos teléfonos de monedad viejos. O era el recuerdo de esa aventura con aquel señor con familia que ni siquiera tu te habías imaginado alguna vez, que terminarías sudada y con el olor de su cuerpo encima. Las oportunidades que tenias de contar estas cosas eran nulas, que dirían de aquella chica que se esforzó tanto por complacer al mundo con sus notas y logros en su educación, cuando no era bien visto que utilizara su clítoris para obtener satisfacción, para llenar ese vació, que de otra forma, no tendría que llenar
¿Cómo se llena algo que no se conoce?
Supe que la muerte es liberadora después de imaginarme como sería vivir parapléjico. Sin necesidad de que los receptores del pene fueran estimulados por distintas partes de tu cuerpo. La muerte de esa parte fue liberadora.
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