Propiedades terrestres que igualan al terror por fuera del universo.
-¡Qué mala pasada de la vida!
Este era el fin de una era de intriga, salones llenos de emigrantes de la tierra y la incertidumbre corría por los pasillos desnuda, todos querían escapar del apocalipsis. Créeme cuando te digo que se vieron por casualidad en el fondo de ese embrollo universal. Eran carne de cañón, eran todos turistas en el el vuelo equivocado de la vida.
Ella no se interesaba por nadie y él era indiferente a lo que los unía, todo una locura de mercado. Ella espero que a los demás los fundieran en el fuego de lava, él corría desesperadamente para poder escapar de su infortunio. Aún que la estrategia estaba ya dada hizo que se encontraran y pudieran escapar. El calor se dejaba sentir, era insoportable y los hacia desmayar. Poco a poco el vagón que los hizo escapar se perdía y descarrilaba. Su criterio estaba errando el futuro constante. Encontraron donde esconderse en la estación, poco a poco les iba sonriendo el árbol que da la vida, ya era casi octubre, pero todo esto eran recuerdos inusuales, las comidas, el cielo y la compañía familiar se insinuaba y hacía brotar la sal que lleva el alma, fueron miles de gotas las que llenaron ese mar que ahora llamamos universo. Juntos supieron que no podían regresar, pero tampoco podían quedarse ahí, entonces decidieron que sus almas huyeran de ese cuerpo que los anclaba a la realidad, y así talvez reencarnar en un animal, en un pez o en un bicho, en una planta o en el aire mismo, en la tierra o en los montes, en el maíz o en un perro que ladra en la mañana, en una gaviota que entrena para volar más alto, en un montículo de piedras que juegan a defender un territorio.
Al fin se deslizaron lentamente todos los átomos de sus pensamientos y fueron depositados en la red neuronal de la sierva, del pez y de la gaviota. trece mil años pasaron para que las partes de ADN se juntarán y naciera el deseo de la propia sangre en regresar unida al cuerpo, y así fue. Por orden de la palabra y del señor del luto y los amores extraños se hizo realidad el sueño de los dos. Se tomaron de las manos y constataron que habían regresado a la vida.
-¿Qué es la vida sin la muerte?
Se tocaron las orejas y se vieron a los ojos guiaron su mirada a donde había estado el sol que iluminaba la tierra. El agua gélida y danzante se repartía como la penumbra en el maizal. Perplejos y tumefactos se hicieron los recuerdos dolorosos, y poco a poco se fueron acompañando a las lagrimas siniestras, oscuras, llevándose los gritos de dolor de sus generaciones dolientes, pensaron que fue un mal sueño de los durmientes del inframundo.
Sin valor, sin tierra, sin humedales y ríos, poco a poco su alma escapo para buscar un lugar solido donde reposar. Pero, seguía siendo un intruso, él y los demás inmigrantes que eran su compañía silenciosa, carga que pesa lo mismo que cien almas. Al final los alcanzaron los recuerdos que los hacían esclavos, que ataban sus almas con cadenas invisibles y pesadas (presión de aire). Se dieron cuenta muy tarde de la ironía.


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