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Mostrando entradas de abril, 2020

En abril

T odas mis historias comienzan con parajes tristes, partidas, quebrantos de salud. Pero esta la quería iniciar con un recuerdo hermoso. No me entendí bien, me quite partes mías y las puse de nuevo en un orden diferente, que locura. Pero aun así quise que vieras todo lo que me he esforzado para adaptarme a tu forma de vivir, ¿Actual? No lo creo. Es la forma en la que ha existido la humanidad. Pero ¿será que ahora es diferente? Vi que pasó un elefante por la sala. Estaba desayunando. 10:00 hrs. Nunca he sido de las personas que se dedican mucho a su casa. Me tarde aproximadamente un mes para colgar unos cuadros donde vivía, aún tengo cosas pendientes de desempacar, eso te dice mucho. Creo que las hormigas y cucarachas siguen aquí escondidas en la cocina. El cine no nació de la nada, las imágenes que parecía que no contaban nada fueron creadas para documentar, para amar las imágenes que se podían proyectar. Fue creado para capturar eventos a través del...

Miedo a tu ternura

En estos días de sepulcral silencio me encontré con mi música interna, esa que sale de alguna parte y te abruma. Unas campanadas suaves, sonidos de violín y piano que se conforman en trémulas notas, menores tristes y escalas lluviosas, con agua de cielo que cae a un ritmo al unísono por horas. Movimientos sombrios sin instrumental.  Las ventanas estaban vacías, no habían animales en el cielo ni en la tierra perceptible, eran las tres o las cuatro de la tarde, no recuerdo. Solo recuerdo la historia de ella, la chica de la portada en un periódico de antaño, que reflejaba la noticia de una desaparición. Ojos hermosos y cabello ondulado, casi pude sentir su olor, pero qué más; por lo que decía la nota nunca la encontraron con vida, suponen que los huesos fueron mezclados con el mortero y piedras en la construcción de la capilla del pueblo. Mi abuelo contaba esa historia en las noches previas a Semana Santa, cuando los nietos nos reunimos en la parte de la entrada de la c...

Último minuto

No es sencillo que las olas del mar se muevan, por lo menos no puedo hacerlo si el mar decidiera ya no moverse más, tampoco podría cabalgar al viento y hacer que mueva la copa de los árboles, que recorra el mundo en un par de días y se vuelva un remolino incontrolable. el color de las flores es una vez más algo que sorprende, no es un vórtice que se abre entre dimensiones, es algo que parece más sencillos, pero tampoco lo logró controlar. Es poco lo que se puede controlar, como aquella vez que de niño me gustaba un perro y era mi mejor amigo hasta que lo atropelló aquel carro de helados. nunca entendí como un vehículo tan grande que se movía a una velocidad lenta pudo hacer que ese perro juguetón muriera, desde ese momento ya no volví a comer helados. El tomaba agua, pero me di cuenta que mientras estaba bebiendo agua su vaso nunca se terminó, ni siquiera bajaba el nivel. Quería recordar más, pero pocas cosas regresaban, quería recordar si en algún momento de la conversación sus ...