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El acertijo del libro azul, morado, amarillo, dorado.

En el aroma del universo se aseguró que se sintiera su amor. Solo con su seguridad sentirían su presencia. En la bondad se reflejaría el rostro de su creador. 

No era noche ni día. Fueron citados a una habitación con muebles de regular cuidado, nada controvertido, nada alucinante. En medio de ellos había un mono morado, con rostro amarillo, que con sumo cuidado fabricaba una escoba. En una de las casas icónicas del pueblo que permanecía flotando, la casa de Jade, en calle de cristal se celebraba una sesión espiritual. Las invitaciones tenían números mágicos, de acuerdo a sus sentimientos dirían que lugar tendrían en el juego. Pero fueron citados y conducidos a una habitación en particular, al Lago azul; así fue nombrada por la larga alfombra que cubría el piso, con figuras de vegetación lagunar. En la entrada del salón un letrero rústico que decía: Solamente deja, "deja que el agua se lleve todo, deja que lave las tristezas". 

La familia dueña de la casa, tenían la herencia histórica (y una maldición de murmuraciones) de descender de uno de los caciques más importantes del Kiché, los caciques que existieron dos mil años después de la conquista entre análogos, ahora se dedicaban a vender a los esclavos de la tecnología. A los habitantes los reclutaban por medio de aplicaciones innovadoras, sedentarias. Los miembros de la familia en el tiempo habían ocupado cargos importantes, alcaldías y gobernaciones habían favorecido su estilo de vida, tenían familiares que vivieron, vivían y vivirán viajando en el tiempo entre Francia, Alemania e Italia. De ahí la riqueza cultural que habían procurado para ella y de ahí los numerosos esclavos.

Los invitados encontraron comida para tres tiempos, la cantidad de utensilios necesarios para un día sin lavar los jodidos trastes. Tres de ellos dudaban mucho de la extraña invitación, los otros tres solo veían a los demás sin desdén. Fue cerrada la puerta y de pronto en medio de la oscuridad se encendió la luz de emergencia, era una tormenta vecina que había hecho corto en la red de servicio eléctrico del pueblo entero. 

-La tecnología siempre quedará en números rojos frente a las adversidades naturales;


Se escucho un grito: 

-Los focos y la puerta son controlados con electricidad- 

Comentó con tono de ironía el invitado numero tres, un perro pequeño muy burlón, pero con una cola muy larga. Siempre trataba de hacer a los demás de menos, pero su vida al final era una contradicción, un perro fiel, pffff. El búho comento con voz cansada:

-Nunca pensé ser presa de mi fuego, de mi sed. Se me olvidaba, el eterno fuego del saber y el océano de incógnitas que llevó colgado en el alma. 

Era el invitado 1. No pudo aguantarse las ganas de preguntarle al lobo:


-¿Porque quieres hablarle a la luna y las estrellas, si están tan lejos?-

-No pueden escucharte, ni tomarte en cuenta.-


Le respondió el invitado 5:

-No le tocas a los vivos responder eso, y si quieres hacerlo con los muertos ¡allá tu!-

Que espantados somos los seres vivientes. Queriendo vivir sueños electrónicos y muriendo en la realidad.

El acertijo es:

Cuanto más grande más corto, pero más unido; en cuánto triangulo para poder acercarme más. Más me alejo, y en cuánto inicies sientes el sabor de terminar.

Sólo un animal pudo salir, los demás murieron en el intento.

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