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Zona reyna y el viaje de los creyentes


(By Julio Samayoa)

While hiding from the guard of King Imox, in a beautiful forest of the Reyna area a paradise near the Passion river, where there were admirable animals, Rimaxa slipped under some bushes that took him to a door under a huge tree and leafy. He entered slowly and in stealthy walking he heard a being (the witch doctor) who wore animal skins and his face had a blue tint of Atlantic flowers, he said to his universe, his love first before being born:

-The nights have been dark for millennia, as well as the sadness that in no way helps the wandering warrior; the rain was made late by the evil of man and the flame heat for the heart that consumes the plants and animals. I tell you that death is foolish greed that those with a sad heart seek, resting a vague illusion, self-control a distant goal for those whose spirit is violated and every night before going to sleep, they do not want a tomorrow.
Songs of disdain sound far from my home, resounding in the river water where animals cry when their home is consumed; the dark entity of bad luck travels on my work, it leads hand in hand with the ignorance of foolish beings, who together are guided by misfortune in days of ominous ignominy.
Dread overwhelms me with chance. We only have to flee in awkward journey towards the constellations ...

Rimaxa went out in morbid crying and met with her peers running north. But they were captured by the foreign sons of the sun.
The sparse war and the conquest came by fire and sword. They destroyed their past so they would not remember who they were. They clapped their present so their voices would be quiet. They used the traitors to facilitate their domain. That's how faith in the Mayan gods was lost.
The worshipers of the heart of heaven were driven out by the invaders. These being cornered, in perpetual prayer, were transported on an arcane journey to their parallel universe until their gods touch the earth with their feet.

Rimaxa corria y mientra se escondía de la guardia del rey Gran Imox, en un bosque hermoso de la zona Reyna, un paraíso cerca del río la Pasión donde existían animales admirables. Rimaxa se escabulló por debajo de unos arbustos que lo llevan a una puerta debajo de un árbol enorme y frondoso. Entró despacio y en sigiloso andar escuchó a un ser (el médico brujo) que vestía pieles de animales y su cara tenía un tinte azul de flores del Atlántico, dijo a su universo, su amor primero antes de nacer:

-Las noches siguen siendo oscuras desde hace milenios,  al igual que la tristeza que en nada ayuda al guerrero errante; la lluvia se hizo tarde por el mal del hombre y la flama calor para el corazón consume a las plantas y animales. Te digo que la muerte es codicia insensata que buscan los de corazón triste, el descansar una ilusión vaga, el dominio propio una meta lejana para quien se vulnera el espíritu y cada noche antes de dormir no desea un mañana.
Cánticos de desdén suenan a lo lejos de mi morada, resuenan en el agua del río donde los animales lloran al consumirse su hogar; sobre mi labor viaja el ente oscuro de la mala suerte, éste lleva de la mano a la ignorancia de los seres necios, que juntos se hacen guiar por la desdicha en jornadas de ignominia ominosa.
El pavor me embarga sobre el azar. Solo nos quedara huir en torpe viaje hacia las constelaciones...

Rimaxa salió en mórbido llanto y se reunió con sus similares corriendo al norte. Pero fueron apresados por los foráneos hijos del sol.
Vino la escasa guerra y la conquista a fuego y espada. Destruyeron su pasado para que no recordaran quiénes eran. Esclavisaron su presente para que sus voces se callaran. Utilizaron a los traidores para facilitar su dominio. Así fue como la fé en los dioses mayas se fue perdiendo.
Por los invasores fueron expulsados los adoradores del corazón del cielo. Estos al verse acorralados, en oración perpetua, fueron transportados en un viaje arcano hacia su universo paralelo hasta que sus dioses toquen con sus pies la tierra.

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