En la parte sur, donde se promueve la agricultura como forma de vida, en las mejores tierras que son de pocos no nacidos en ellas; el tiempo parese que no pasa, los servicios son los mismos solo que añejos, rollitos por los malos pensamientos y el olvido. Te imaginas el retraso de esa población, de la gente que respira el aliento de la tierra y que muy poco disfruta del agua de rio que es desviada para el monocultivo. Al macaco le dieron un supuesto modo de superación pero lo único que hace es perpetuar el ciclo del hambre, la ignorancia llena de alcohol y sueños difusos de bienestar. El macaco vive en galeras con su familia, mientras trabaja bajo el sol, el calor se come sus vidas y su juventud. Toma medicamentos para resistir y estar fuerte, así le dijeron, toma poca agua para no perder el tiempo y así cortar más.
Por las migajas dejan que sus entrañas se llenen de gusanos, y luego, luego nada solo cae al suelo, sin esperanza.
Ve en el suelo la propaganda del insurgente "Mis pensamientos huelen al dulce aroma que emerge de los hornos, pero las piedras blancas que veo creo que son huesos..."
Éste y otros más conforman la cadena de eslabones dulces que mantienen en esclavitud a una población entera que en contrato fantasmal entregan lo poco que tienen para derramarlo como melaza y diluir sus almas en las calderas. Cada vez que el agua tiene que llegar la tierra es desbocada, y queda la sangre y el mal olor de la rabia.
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