Era frío su aposento y la soledad gobernaba lo que encontraba a su paso. Nada cómodo, nada fino. No se podía ver más haya de lo que parecía horizonte. Todo estaba borroso.
-Estoy débil, sin ánimos, es difícil inquietarse ante el futuro en ésta situación.
El dolor lo embargo, el dolor abdominal lo llenó y al fin pudo emitir un grito enorme, tan estridente que se escuchó hasta la esquina contraria del edificio.
¡Aún estaba vivo sobre la mesa de disección!
Todos se hicieron hacia atrás. Congelados sus movimientos y sus ojos atónitos que no expresaban más que sorpresa. Se desprendieron los coágulos que estaban sobre el hígado y así se perdió la única oportunidad que lo unía a este mundo, en un suspiró dejó que su alma se vaciara hacia el universo.
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