Sola, y en medio de este mundo viajaba por el puro gusto de conocer, pero en su interior no aguantaba las ganas de que la tomaran, de que se pudiera expresar sin miedo de ser juzgada, de que la gente no la condenara por ser ella, por ser mujer. A su 14 años le llamaban "Lola" buscaba el amor en lugares, ¿incorrectos?. Quería suplir el amor perdido del padre que en muy raras ocasiones le mostró el afecto necesario. Realmente hasta el momento no estoy seguro de que eso era cierto, eso lo comentaba su familia a sus espaldas y casi susurrado como si fuera un secreto de estado.
Lola que no podía vivir más en su pequeña comunidad que sentía que la corrompía por dentro, como a árbol infectado desde la raíz.
Encontró el amor a 2,500 kms de distancia. No hablaba mucho de aquel personaje que le enseño que el amor también era agarrarse de la mano bajo la lluvia, que era no decir nada sobre la cama con ropa, y que el solo verla a los ojos era también para protegerla de algún bicho que le quisiera hacer daño a sus ojos hermosamente café almendrados y mientras le contaba algún cuento terminaban riendo por la lucha de cosquillas que terminaban con un beso, casi inocente, sin insolencia, apartando olas y mares.
Cuando lo conoció lo llevó a su cuarto y mientras se duchaba le solicito que le pasara una toalla y el a la calle salió con los zapatos mojados. Todos lo veían en la calle y daban por sentado que lo había hecho presa de su amor volátil. Pero en excepción ese no era el caso.
Barlow Fi era su ultima presa o su compañero, el que nunca dejaría ni la dejaría que se fuera, era su amante o nunca lo fue. Al que lastimaba con sus "otras" relaciones y le daba su amor al mismo tiempo que lo odiaba lo extrañaba, no podía vivir con él más de una noche, pero cada vez que lo perdía incontroladamente lloraba en la azotea. Sin vengarse ella jugaba a desconocerlo, decía que en su corazón no la dominaría nadie, ella podía amar a quién quisiera. Pero en el fondo sabía que el estaría ahí para ella, inclusive le contaba a Barlow alguna de sus aventuras, él se interesaba y le daba consejos de lo que un hombre le quería decir con su actitud y que hacer para que no la olvidarán, aunque estuvieran miles de kilómetros lejos del mar. Así permanecieron algún tiempo, pero como en piso frágil con cualquier mala pisada sería su fín.
Estando en la misma azotea la vio a los ojos, pero no pudo decirle nada. Se retiro y antes de entrar a su vehículo le escribió por mensaje:
- y seguimos siendo tan amigos como nunca debimos dejar de serlo. No se porque me voy por el camino equivocado...-
Con éstas palabras se despidió Barlow de su vida. Para llevarla en sus recuerdos y tenerla presente en sus noches de soledad como un demonio inquisidor con rostro de ángel, dulce pero mortal.
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