Entre los años en los que la intuición se encuentra en un
estado perecedero, Ciruela, hombre de mediana edad, con mucho dinero encima,
pero amputado de una pierna en un terrible accidente de helicóptero, ciego de un ojo y sin el
oído contralateral. Por mucho tiempo se dedico a autocompadecerse para llevar su dolor y pena más fácilmente,
pero esto hacia que en los momentos críticos de su vida se volvieran
insoportables.
Encontró a muchos charlatanes que le querían vender el cielo y areglar sus problemas con "aguas mágicas" al final siempre era lo mismo. Observaba cansado por tanto viajar, pero lo
que lo envejecía en cuerpo y alma era su pesar y tristeza, lo carcomían poco
a poco, cuáles males rapiños, ofensivos esperando que a su final.
La espera fue larga para Ciruela, pero por fin, el tiempo terminaría. En medio del bosque seco de la línea trasversal del norte
encontró a una familia pobre. La cual parecía como las demás pero está irradiaba tranquilidad, desde su mirada y su actuar se podía percibir la paz.
Le llamó fuertemente su atención que por la mañana daban gracias, a sus integrantes y a los de la comunidad les agradecian desde su corazón y se tomaban parte de la tarde para meditar. Ciruela convivió con ellos, adopto sus costumbres y la tranquilidad tocó su vida, se acepto así mismo y pudo vivir felíz.
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