Armonía de la muerte
Dos de tres y mas de cuatro, en cinco y siete como los días. Un tono aguardiente, blanco limpido casi transparente. Una vos que se asomó en la madrugada, se exilio de las demás que rondan entre los pensamientos apocalípticos. De las experiencias amargas entre profundos océanos de recuerdos flotan como gaviotas en aguas tranquilas.
Las notas una a una dejaron el lugar y se esfumaron como hechiceras del azar, dejo de ser sorpresa para convertirse en realidad. Vivida. Limitada a los sentidos. Efímera, desconocida y parlante: la muerte en dos tonos y matrices grises.
Tun que no suena, se detiene en el tiempo. No acompañas a la Chirimia, se desploma entre sueños sueldos del deseo.
Se dejo oir a lo lejos el grito, de una madre, de una hija y sus desconsuelos.
El rostro pálido del músico que no creara más en tonos graves, tonos tristes y temas del señor en la cruz. Llegara el viernes santo, el que espera a las tres de la tarde la música del autor de: la sangre preciosa que irónicamente sonaría minutos antes del cese del latido de su corazón.
Sonaron las bombas que anuncian el deceso del músico y las tumbas resuenan en coro esperando su llegada hambrienta de carne geodésica del cuento en desolación.
Un tambor que anunciará la llegada del féretro, procesión de coloridos güipiles, pantalones negros y lágrimas que dirían hasta pronto Nacho.
Aun no cae el músico, aun no toca tierra, será lo que será y no lo podrías cambiar, será lo que fué, sigue y será...
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