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En un día

                                *
   -Las palabras que observas en la pagina son simples códigos, son imágenes creadas en el fondo de tu cerebro para poder explicar cosas.
Lo que aun no entiendo como se cambio la tinta por una luz, y la forma de escritura por un pedazo de vidrio. Que complejo es el mundo hoy en día. Lo que si recuerdo es aquel niño que luego de una contusión sabía otros idiomas. Otro, aunque no tan brillante en el resto de cosas, porque ni podía ir al baño sólo, podía repetir las imágenes con todos sus detalles con solo ver unos segundos fotografías.
El cerebro es un gran costal de cosas que escondidas. De imágenes pérdidas. De múltiples hechos sin resolución...
Eso fue lo que recordé cuando la lluvia caía.  De las palabra de mi abuelo.
Vaya que era domingo, no tenia nada mas que hacer y limpie las cosas viejas que mi madre siempre pidió que descartara o que viera que hacía con ellas.
Encontré un par de libros que daba por perdidos,  fotos, una revista de porche, algunas invitaciones a eventos que nunca fui, propaganda de alguna campaña pasada o simple publicidad de algún comercial.
Al tirar ya varias, mmm bueno, siendo realista: Muchas cajas, pero muchas de papel que mi abuelo hubiera dicho que eran "recuerdos" pudo descanzar mi conciencia, un grado de culpa con mi madre, pero crecía desde el fondo un remordimiento con mis abuelos.
Queriendo adormecer mi cerebro me propuse lo que cualquiera puede hacer en esas tardes de ocio, preferí ver televisión antes que lavar mis manos sucias, inclusive quitarme la ropa, antes que limpiar mis pies empolvados y llenos de telarañas. Pero como todas las tardes de domingo la programación apestaba, por lo menos ya estaba harto de los "realitis" me parecían ya algo pasado de moda y con mucha falta de imaginación. La deje prendida por ese miedo oculto que tenemos los humanos por la soledad, seguí en mi labor infinitesimal de limpieza.
La depuración no bastaría. Tendría que mejorar el los criterio de inclusión para definir qué era basura y que no.
La noche no pidió permiso para pasar, fue como una invitada con sierto toque siniestro y mortal, llamo a los males que aquejan al hombre y los puso como a pequeños niños a jugar enfrente mía, a tener contacto con mis recuerdos, deshilando como trapos viejos, algunos con cara de satisfacción, otros con cara decidiosa.  Pequeñas manos como agujas entre circunvoluciones perversas jugando tontos juegos repugnantes. Desgraciados, me inutilizan, hacen que pierda más tiempo del requerido para terminar mi tarea. Espirales malignas llenas de tristeza, alegría infame de tiempos de inconciencia. Llueve afuera, que mal momento para llover.
Papeles, más papeles viene entre maremotos, y letras que me invaden como ejércitos infames, innombrables coplas de poder y anarquía. Sigo undiendome en la madrugada, entre los papeles y entre tantas ideas insólitas que se ahorcarón por burdas y absurdas. En este momento se oyó un toque de puerta, entro una idea simple. Con ojos de luz y un caminar trémulo pero con la simetría arquitectónica de un edificio solemne. La desconocí al principio pero tenía algo conocido en la forma en la que se expresaba con las manos. 

-¿En que pensaras cuando estés muriendo? No te preocupes, no se siente nada.

                              *
Dejo de ser y de expresar. El retorno fue imperdonable. Para ella el perdón no era una forma de expresión. Salía de su dimensión. No sabría describirlo como realidad o en su dimensión como un simple ente corporal.

- ¿Qué haces tirado en el suelo de la barca? Dijo Laullami (su nombre llegó a mí sin preguntar).

La pequeña vos se perdía por el ruido de las olas. Su cara la conocí, pero ¿era la misma idea que entro a la habitación convulsa? Tenía esa sensación de que se parecía pero en realidad la conciencia me decía que no era así. Pero supe de golpe el porqué de tal visión. Me introduje demasiado en ese tan confuso problema del bien y el mal que a sido heredado de antaño con la ganancia de almas y esas cosas. Creía saber a la orilla de que me encontraba.
Sin ser aguanfiestas: de mi fin.
Se me explicó algo tan sencillo, una duda universal: la gente en ese último instante no es la luz la que persiguen, es la imagen del fondo del túnel  la que les da paz; por eso es que siguen la luz antes que aferrarse a una vida de sufrimiento y dolor.

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