SI PUDIERA....
I
La madre en ese momento no tubo disculpa alguna; vio de cerca el odio que dejaba respirar el sudor de su único engendro. Su ropa se dejo caer y con gesto fuerte y rápido intento sostener las ropas que minutos antes, en una acción casi salvaje, Alberto había quitado en un intento de buscar amor en el sitio equivocado. José se indigno por ver a su progenitora en medio de las piernas de un hombre que no era su padre. De hecho casi no lo recordaba porque muchos años antes había muerto el recuerdo después de una golpisa y ahora solo eran recuerdos tan disimiles como el humo. Echo a correr fuerte, rompiendo el viento con el odio y la fuerza que le daban sus pies.
Salio de la casa para nunca volver más, aunque aun no sabia su destino no le importaba del todo. Adriana, madre de José, todavía con la saliva de Alberto en la piel, con signos del amor perdido y humedad entre las piernas no quiso correr detrás de su hijo. Ya hacían algunos años entre los dedos de Adriana, los cuales dejaban marcas y arrugas que quiso quitar en esa tarde, tan fácil como retirar la tintura de las uñas, aplicando alcohol a la ocasión.
Callo la lluvia, como era costumbre del año en Coban. Alberto no sabia si su amor fugaz seria correspondido luego del evento que acababa de ocurrir. Fue contestada su respuesta unos segundos después con una mano que acariciaba la parte inferior de su espalda y le ofrecía un trago de aguardiente casero.
Adriana recordó, entre alguna alucinación o pesadilla instantánea, las tardes que gustosamente pasaba desnuda con su marido en el apartamento que alquilaban cerca del parque de Carcha. Esto no hizo que perdiera ninguna magia el momento dibujado minuciosamente por la fémina de cuarenta años; bebió por sorbos y deslizo su mirada por las sabanas, estaban sucias de rencor y desaliento, manchadas de recuerdos funestos y golpes al orgullo propio, al orgullo que le había enseñado el padre, la honradez y soltura que había tratado de inculcar de forma rigurosa la madre originaria del siglo que había terminado hace algunos años. Adriana mujer de semblante cándido y soltura en su andar, impregnaba confianza. Arrancaba las miradas de cualquier hombre con el cuerpo bien formado, curvas producto hormonal que bendice a cualquier mujer en su adolescencia. Su cara con suaves lineas que enfrascaban a la mas hermosa boca, inferior a esta los ojos y la nariz que hacían un complemento casi angelical que en ese momento disfrutaba Alberto sonriéndose en el silencio, dándole gracias a la suerte que lo había puesto en ese pueblo.
Se hizo de mañana y cansada por la noche anterior, pero nada que una ducha no quitara, salio de lo que en años pasados fue su hogar, origen de una familia destruida por la guerra, que ahora se caía a pedazos con resonantes golpes de silencio. se dijo asimisma que todo debería de cambiar, no importaba cuanto la vida le escupiera en la cara, o cuanto la soledad afectara su corazón.
Busco a José que aunque guardaría los recuerdos del día anterior hasta la vejez, edad dorada en que los demonios de la infancia vuelven para recobrar la batalla de años de antaño, la perdonaría porque no tenía otra opción en la vida.
Se marcharon en un viaje imprevisible hacia la capital convulsa que hacia estruendos noticiosos en el mundo por las bombas que eliminaban gente parecidas a los ataque en el oriente medio.
Esto sera parte de un todo que espero planear en el futuro... dime si te gusta?????
ResponderEliminarhey que bien, me gusta este relato. Q planeas en el futuro???? saludos
ResponderEliminarYa pienso en como podemos convertirlo en musica! :) Ruuuuu...
ResponderEliminarQue te podrè decir, sin palabras....
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